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La leyenda del linyera de Traslasierra

Escrito por  Fuente: La Voz del Interior Martes, 22 Agosto 2017 20:37

Mezcla de vagabundo y clown, figura entre las víctimas del terrorismo de Estado en Villa Dolores. A 33 años de su extraña muerte, aún se duda de su nombre real, de su procedencia y hasta de las causas de su final.

Santo Domingo fue un payaso sin colores /que vivió en Villa Dolores /con estilo policial /Santo Domingo hizo reír a muchos chicos / por las calles de mi barrio con su paso de marchar...". Así describe José Luis Serrano –el creador de Doña Jovita– al personaje más enigmático de su ciudad natal, en una canción que ya es parte de la identidad regional de Traslasierra.

Todos en Villa Dolores conocieron a Santo Domingo, aunque nadie supo bien quién era. Aun hoy es un misterio la fecha de su muerte, las causas (¿violentas?) que la provocaron y hasta su verdadero nombre. Todo contribuye a la leyenda.

Su figura fue reivindicada la semana pasada por la Comisión de la Memoria de Villa Dolores como una víctima del terrorismo de Estado, en los actos para recordar los 33 años del golpe de Estado de 1976. Algunos suponen, al reconstruir el modo en que murió, que pudo ser un testigo involuntario de algo que "no debió ver".

Mezcla de linyera y de clown, Santo Domingo vivió y murió en una rara combinación de exposición pública y misterio. Casi nadie duda de que lo mató la Policía, aunque nadie sabe o dice con alguna precisión cómo y por qué.

Para la mayoría, fue una víctima del terrorismo de Estado o de la violencia policial en los años de plomo.

Vida de bacán. "Un sacón muy desteñido / fue su abrigo y buen amigo / en su vida de bacán", dice de él esa canción que lleva su nombre y que se enseña en las escuelas dolorenses.

Santo Domingo dormía en la comisaría, donde lustraba borceguíes, y se pasaba los días vagando por la ciudad, comiendo de lo que la gente le daba y procurando unos pesos para el vino. Llamaba a las casas pidiendo agua, con la esperanza de recibir algo más que eso, tratando de "Mamita" o "Papito" al vecino de turno.

Caminaba marcando el paso, con porte militar. A veces pedía un cigarrillo y lo disfrutaba con ademanes de gran señor. Otras compartía vinos con su amiga, "la Pancha Meona" en su casa del barrio La Chancleta. Para los chicos "del bajo", ella era su novia. En ocasiones, se prendía en los "tiroteos" infantiles y caía espectacularmente para darse por muerto. Ahí dejaba el traje de linyera y pasaba a ostentar el de payaso.

"Era un acróbata, era impresionante verlo caer cuando recibía un ‘disparo’ jugando", dice hoy el escritor Justo Valdarenas, miembro de la Comisión de la Memoria.

"Era solitario, diurno y tranquilo; nunca estaba en bailes ni velorios, era respetuoso. Si alguien lo presionaba se iba cantando o en avión", dice Serrano.

Efectivamente, Santo Domingo abría sus brazos en cruz y salía corriendo imitando el ruido de un avión.

Pero su habilidad mayor era la de dirigir el tránsito en el centro de una ciudad chica que entonces carecía de semáforos, tarea en la que un par de veces fue atropellado. "Los turistas que no lo conocían le hacían caso, y la gente de acá se convertía en su cómplice o se prendía en su juego", recuerda Serrano. "Él tenía necesidad de hacer reír a los demás, disfrutaba entreteniendo a los otros, creo que en el fondo tenía una gran carencia afectiva y daba su ternura buscando aceptación", interpreta el creador de Doña Jovita.

Una vez Santo Domingo fue agredido fieramente por otro personaje conocido que le abrió el vientre.

La leyenda cuenta que caminó con las tripas en la mano los dos kilómetros que lo separaban del hospital.

¿Testigo? ("Santo Domingo, silbato y tiro / avión que gruñe para volar/ pum pam pam, pum pam pam /con sus disparos me va a asustar"...).

En los años ’70, la comisaría dejó de ser el lugar familiar de un pueblo grande para convertirse en un punto misterioso más de un terrorismo de Estado que dejaba pocos lugares sin invadir.

Pero Santo Domingo no se enteró: seguía durmiendo en su calabozo abierto de la Policía de su pueblo.

El imaginario colectivo supone hoy que fue allí donde este personaje, limitado intelectual y emocionalmente, habría visto más de lo que debía.

Jorge Alfredo Reynoso, militante gremial y preceptor de un colegio nocturno, fue el único dolorense desaparecido que fue capturado en su propio pueblo. Un grupo de tareas lo baleó en una pierna el 1° de diciembre de 1976. Tenía 34 años. Nunca más se supo de él.

Muchos creen que Santo Domingo lo habría reconocido aquella noche en la comisaría, convirtiéndose en un testigo difícil de silenciar. Para la memoria colectiva, la muerte del "payaso sin colores" está asociada a esa desaparición.

Olga López, cuñada de Reynoso, dice hoy: "Según mi humilde investigación, a Santo Domingo lo patearon mucho para que se calle, porque en su inocencia él era peligroso". Muchos dolorenses suscriben esa hipótesis.

"Costaba saber la verdad, no éramos conscientes de lo que pasaba, pero sabíamos que nos teníamos que callar la boca y no preguntar nada", dice a su vez Serrano.

Payaso de nadie. Un día –no está claro cuál– los vecinos que hasta hacía unas horas habían visto a ese personaje alegre por las calles, recibieron la noticia de su muerte repentina. "Le dieron de comer algo en mal estado", fue la explicación que circuló por las calles. Se supone que tenía más de 60 años y buena salud física. De él, todo se supone.

Santo Domingo era de todos pero no era de nadie. Entonces nadie habría reclamado su cadáver ni interesado por las causas de su muerte.

Aún hoy asombra encontrar la tumba bien construida de quien habría tenido como nombre formal el de Félix Olmedo, en el cementerio de Villa Dolores, con la única foto que se conserva de él y una gran placa que reza: "Tu madre y hermano". Sorprende porque nadie le conoció parientes, aunque se dice que fue criado por una familia de apellido Sombra. Tampoco se recuerda un velorio y un sepelio formal.

El misterio mayor. Pero la duda mayor, entre varias que rodean a este personaje, es la de la fecha y motivo de su muerte. Eso agrega otro capítulo a la leyenda.

En el Registro Civil de Villa Dolores, el acta de defunción de Félix Olmedo fue asentada el 5 de mayo de 1978, afirmando que el deceso se había producido el 22 de enero de ese año, a las 7. La palabra "ignora" ocupa los espacios en que el formulario debe llenarse con nombres de los parientes del occiso, su edad y otros datos personales.

La muerte fue declarada por una funcionaria de Acción Social del municipio y el acta firmada por un médico de la ciudad, quien declaraba que la causa del deceso fue "abdomen agudo". El acta aclara además que el certificado médico fue firmado el mismo 5 de mayo de 1978.

¿Realmente murió más de un año después del secuestro de Reynoso? Y si así fue, ¿por qué el certificado médico y el acta de defunción se realizaron cinco meses después?

"No puede haber muerto en el ’78, porque yo escribí la canción después de su muerte, y en 1977 ya la cantaba acá el Grupo Horizonte, cuando aún estábamos en la secundaria", afirma Serrano, para abonar la duda.

Ramón Monte, ex detenido en La Perla y miembro de la Comisión de la Memoria, señala: "No tenemos precisiones sobre su muerte, pero para nosotros es una víctima más de la dictadura, o al menos de la violencia policial de esos años".

(Pum pam pam / pum pam pam / Santo Domingo viene a jugar...).

En el acta de defunción de Santo Domingo figura "Villa Dolores" como su domicilio. Es es el único dato del que nadie duda.

La canción que evoca el mito

José Luis Serrano compuso la canción Santo Domingo un par de semanas después de la muerte del personaje, en una vereda de barrio Ardiles, en su Villa Dolores, y con una guitarra prestada. “Se la hice a un niño vecino mío, el Titito Aguilera, un gran cantante. Él fue el primero que la cantó, yo tenía aún la angustia de la muerte de Santo y me salió en unos minutos”, afirma Serrano, un dolorense que logró trascendencia nacional por su personaje Doña Jovita. En aquellos años ’70, Serrano era un adolescente. La canción fue grabada luego por el grupo vocal Horizonte y es hoy uno de los “himnos” que Traslasierra asume como parte de su identidad.

Fuente: La Voz del Interior

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